ACTUACIONES ANTE LAS INUNDACIONES
dsc_9716.jpg


Las actuaciones encaminadas a hacer frente a las inundaciones y sus efectos podrían dividirse primero en dos grandes bloques: las preventivas y las emergentes. Las actuaciones emergentes son aquellas que se derivan de la propia situación de emergencia. La mayoría de ellas comportan la evacuación de viviendas y el rescate y salvamento de vidas como objetivo preferente, y posteriormente la reparación de los daños y el restablecimiento de la situación original.

Dentro de estas actuaciones preventivas debemos distinguir tres subgrupos:

ACTUACIONES ESTRUCTURALES Se aplican con el objeto de obstaculizar, en la medida de lo posible, los fenómenos de formación y propagación de las avenidas. Se denominan estructurales porque suponen la construcción de una obra hidráulica o implican una manipulación del terreno por donde discurre el agua. Dentro de estas actuaciones destacamos algunas:
  • Trabajos de conservación de suelos y corrección de cuencas (reforestación y ordenación de cultivos).
  • Corrección y regulación de cauces (limpiezas de cauces, dragados, etc.).
  • Construcción y explotación de embalses de laminación y regulación.
  • Obras hidráulicas de protección de riberas, encauzamiento, cortas, espigones, etc.
  • Drenajes.

Las actuaciones estructurales son sinceramente costosas pero, desde luego, no menos costosas que la reparación de los daños, que, al fin y al cabo, es un dinero a fondo perdido y no una inversión que garantice que lo que ha ocurrido una vez no volverá a suceder en el futuro, al menos, con la misma magnitud o virulencia. De hecho, en muchos países, sobre todo del Tercer Mundo, las pérdidas causadas han anulado el crecimiento económico de tal manera que han involucionado a épocas ya pasadas y superadas.

ACTUACIONES NO ESTRUCTURALES

Estas actuaciones van encaminadas a impedir, reducir, minimizar o incluso anular los daños generados por las inundaciones. No suponen, como en el caso anterior, una intervención física del hombre sobre la red hidrológica, sino una predicción del fenómeno y un cálculo de probabilidades de aparición en el tiempo y afección del entorno. Este cálculo emplea normalmente períodos de retorno de 100 y 50 años.

Entre estas medidas no-estructurales destacan las siguientes:
  • Elaboración de mapas de riesgo (mínimo, medio o alto)
  • Identificación y zonificación de las áreas inundables.
  • Aplicación de la normativa legal sobre aguas
  • Contratación de seguros

La implantación de estas medidas, no obstante, se enfrenta a numerosas dificultades. Por una parte, la ocasionalidad de las inundaciones pueden aparecer a intervalos de tiempo relativamente amplios, llevan al hombre a menospreciar la posibilidad de que efectivamente suceda algún día (tarde o temprano acabará sucediendo). Por otro lado, elaborar mapas de riesgo y restringir los usos del suelo es incompatible con el crecimiento urbanístico y el desarrollo económico e industrial de territorios con grandes limitaciones geográficas.

ACTUACIONES PREVENTIVAS

Su objetivo es el de prever el riesgo y sus efectos para estar preparados en caso de intervención. Entre ellas se encuentran las siguientes:
  • Implantación y control del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH)
  • Elaboración de planes especiales de Protección.
  • Horas y días antes de acontecer la catástrofe podemos adelantarnos a sus efectos acometiendo una serie de actuaciones preventivas de urgencia:
  • Alertar a la población que vive en las cercanías de ríos.
  • Evacuación preventiva de las zonas inundables.
  • Creación de defensas provisionales con sacos de arena u otros materiales más sólidos
  • Restricción de la circulación por carretera
  • Desalojo de maquinaria agrícola y otros bienes costosos
  • Traslado del ganado estabulado hacia zonas altas
  • Desembalses para contrarrestar las avenidas.